Se sentó, como tantas otras veces, en la silla de piel marrón, con su olor a recuerdos de cincuenta años, a infancia. Infancia con regusto amargo, con sentimientos encontrados y emociones grises. Siempre supo que nunca encajó con esa gente tan familiar, pero nunca lo había sentido como entonces. Allí, sentada en la silla marrón, viendo cómo todos bromeaban entre ellos, hablaban de temas ajenos y compartían gustos y aficiones. Se le humedecieron los ojos al percibir el esfuerzo que tenía que hacer para sonreír con ellos, para hacerse un hueco. Aceptaba no ser la favorita, ser la seria. Podía encajar las pegas y los machaques psicológicos. Incluso podía fingir comodidad, aunque se le rompiera el alma un millón de veces en el intento.
Ella quiere vivir su vida sin depender de nada ni de nadie, pero ahora entiende que es necesario pertenecer a algo, encajar sin esfuerzo. Aunque siga derrumbándose por no tener su sitio en su propia familia.
And my mouth is filled with blood from trying not to speak.
Siempre me resulta curioso viajar en tren. Hoy más que nunca ha sido una experiencia extraña. Reconfortante, odioso y triste a partes iguales. A mi lado iban dos chicos, muy posiblemente con Síndrome de Asperger, hablando de proverbios chinos, del autobús B4 y de la hora y el día exactos en que uno de los dos se pidió una tapa de patatas con ali-oli en un bar. No pude evitar escucharles hablar, asombrada por su riqueza de vocabulario y expresiones, por la inocencia que derrochaban sus palabras. Me planteé algo que dijo la madre de un Asperger. Venía a ser algo así como que la gente que sufre del síndrome no conoce la maldad o la ironía, que son ingenuos por naturaleza. De alguna manera eso me reconfortó, me hizo pensar que las dos personas que debatían sobre cosas tan inocuas y triviales no tenían que soportar la verdad de la vida. Maldigo a todo aquel que pueda querer hacerles daño.
Pensé que eran como niños, ajenos a lo complicado del mundo y en continuo aprendizaje. Ávidos de cosas nuevas, sedientos de saber. Y una voz chillona me sacó de mis pensamientos. Precisamente la voz de un niño de no más de un año sentado cerca de mí, acompañado por varios mayores. Cuál fue mi sorpresa y asco al escuchar que esos mayores que lo acompañaban se divertían a base de enseñarle palabrotas al niño, que las repetía sin saber qué decía. "¡Maricona!", "¡Gilipollas!", decía con su vocecita aguda, los otros se reían, y más se reía él al ver que los demás lo hacían. Los Asperger se bajaron del tren, y yo me quedé asqueada y enfadada, pensando en lo que estoy escribiendo ahora.
Los sitios que dejaron libres los Asperger fueron ocupados por antiguas compañeras de instituto. De nuevo sin poder evitarlo, escuché de qué hablaban, a ver si llegaba a enterarme qué hacían ahora, qué estudiaban, qué tal les iba. Una de ellas, que fue gran amiga mía, empezó a hablar de su asignatura de Literatura Universal del último año de instituto. Hablaba de La metamorfosis de Kafka, decía que le había parecido un libro absurdo. Vamos, que no lo había entendido. No pude evitar intervenir para decirle que a mí me pareció un libro encantador con el cual lloré. Por su expresión cualquiera podría haber dicho que estaba a punto de llamar a un hospital psiquiátrico. Eso me entristeció mucho.
Así que me bajé del tren sin despedirme (en parte porque ella me evitaba a ojos vista), y volví a casa.
Es el primer golpe, y ten por seguro que no será el último.
Aguanta. Resiste. Juega a no perder. No te centres en los errores. Que no te consuman los fracasos. Sigue adelante. Haz camino, apóyate en quien sabes que siempre estará ahí.
Deja de llorar, que las lágrimas no solucionan nada.
La metáfora de la lluvia siempre es bonita, hasta que te refleja una semana entera.
I'm coming home, I'm coming home, Tell the world I'm coming home. Let the rain wash away All the pain of yesterday. I know my kingdom awaits And they've forgiven my mistakes. I'm coming home, I'm coming home, Tell the world I'm coming..
No estás perdida. No estás perdida. Hay quien sí lo está, hay náufragos a tu alrededor, los ves a punto de ahogarse. Esto es lo tuyo, acuérdate. No sabes nadar en el agua, pero esto se te da bien. Se te da bien. Te gusta. Nada, por lo que más quieras. Patalea más fuerte. No estás perdida. No estás perdida.
O eso quiero pensar.
Como diría Daenerys Targaryen, "Si miro atrás estoy perdida".
Lo siento, pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie, sino ayudar a todos si fuera posible, judíos y gentiles, blancos o negros. Tenemos que ayudarnos unos a otros, los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos, la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso.. pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas. Ha levantado barreras de odio. Nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado nosotros. El maquinismo que crea abundancia nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades, la vida será violenta. Se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos, la verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros. Ahora mismo mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, a millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oírme, les digo: no desesperéis, la desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el progreso humano. El odio de los hombres pasará, y caerán los dictadores, y el poder que le quitaron al pueblo se le reintegrará al pueblo. Y así, mientras el hombre exista, la libertad no perecerá. Soldados, no os rindáis a esos hombres que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen lo que tenéis que hacer, qué pensar y qué sentir. Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como a carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquinas, con cerebros y corazones de máquinas. Vosotros no sois máquinas, no sois ganado, ¡sois hombres! Lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo los que no aman odian, los que no aman y los inhumanos. Soldados, no luchéis por la esclavitud sino por la libertad. En el capítulo 17 de San Lucas se lee "el reino de Dios está dentro del hombre", no de un hombre ni de un grupo de hombres, sino de todos los hombres, en vosotros. Vosotros el pueblo tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad; vosotros el pueblo tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa, de convertirla en una maravillosa aventura. En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble, que garantice a los hombres trabajo, y dé a la juventud un futuro, y a la vejez, seguridad. Con la promesa de esas cosas, las fieras alcanzaron el poder, pero mintieron, no han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres, sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer nosotros realidad lo prometido, todos a luchar para libertar al mundo, para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia, donde el progreso nos conduzca a todos a la felicidad. ¡Soldados, en nombre de la democracia, debemos unirnos todos!
Sólo puedo quitarme el sombrero ante un genio del calibre de Charlie Chaplin.
¿Hannah? ¿Puedes oírme? Dondequiera que estés, mira a lo alto, Hannah. Las nubes se alejan, el sol está apareciendo.